sese no ya omnímodamente necesaria, sino, en el grado que fuere, facultativa, al cabo, como el juego. Para garantizar la propia causa contra cualquier posible puesta en cuestión o en entredicho, lo más seguro es negar o eliminar hasta la imagen, hasta la pura ficción ceremonial, de un orden de libertad o de una instancia de conocimiento en que tal puesta en cuestión sea tan siquiera posible o concebible; y no otra cosa viene a ser, tal vez