del humor no era como el entendimiento de los dogmas, se introducía mucho más inadvertidamente, mucho más lentamente y sobre todo a través de canales menos localizables. Se escabullía, se quitaba todas las etiquetas que le quisieran colgar, se reía de ellas. Y en un momento como aquel de definiciones estrictas, donde lo blanco no podía ser más que blanco y lo negro más que negro, aquel duendecillo gaseoso que se desvanecía ágilmente por entre los barrotes de las definiciones y tenía