reflejos callejeros. «¿Estará malito?», teme el viejo. «Además, con esos chillidos del "no" se van a despertar los padres... Menos mal que no oyen, no son partisanos, niño mío. Duermen como burgueses... De todos modos no alborotes.» Pues el niño exclama «no» --en realidad, un grito entre «no» y «na»- con explosiva energía. Y al viejo le encanta que ésa sea su
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DORMIR.1 - (Hacer) Entrar en un estado de reposo y suspensión de la conciencia