Uno de los miembros de esta organización, la escritora Carmen de Icaza, popularizó, por boca de su más famoso personaje de ficción, Cristina Guzmán, profesora de idiomas, el axioma de que «la vida sonríe a quien le sonríe, no a quien le hace muecas». Se trataba de una especie de catecismo ético pero también estético. Una mujer que pretendiera hacerse la interesante mediante la languidez estaba obedeciendo a unos modelos de comportamiento equivocados, pasados de moda:
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SONREÍR.2 - (Fig.) Mostrarse favorable o prometedor.