las secuelas imprevisibles de su pasión por Agnès. Unicamente el estudio en donde perpetra sus escritos parece haberse librado de la plaga: asomado a la ventana desde la que habitualmente contempla la panorámica de chimeneas y tejados grises del barrio, sonreirá finalmente a la vasta blancura, la increíble nevada de ratoncitos que, como el aprendiz de brujo de la leyenda, ha suscitado con su senil intemperancia y desidia sobre la menesterosa y consternada ciudad. SINTOMAS DE PANICO Hay que rendirse a
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SONREÍR.1 - Reír suavemente, con el gesto pero sin emitir sonidos