se de costumbre, se acaricia su miembrito, rosada turgencia semejante a las yemas de castaño en primavera. Y entonces, ¡gran sorpresa!, antes de llevarse los deditos a su nariz, Brunettino ofrece las primicias al viejo, sonriendole invitadoramente, mientras le penetra con su insondable mirada de azabache. -¡Niño! -exclama Renato, fingiendo escandalizarse. -Dejale --comenta sesudamente la madre-. Está superando la fase anal. Al viejo le
SON:066.22
SONREÍR.1 - Reír suavemente, con el gesto pero sin emitir sonidos