| Texto contextualizado: |
discutible de tal afirmación y pasandola por buena, ¿para qué coños, me pregunto yo, puede nadie en el mundo necesitar poder decir que conoce el Quijote sin que sea mentira, o incluso siéndolo, si se me apura? Por otra parte, confiaba yo en que después de lo que le pasó al pobre don Ramón Menéndez Pidal, cuando hubo de verse avalando y acreditando a pleno cartelón de nombres y apellidos aquel increíble Mío Cid de Samuel Bronston, todos los académicos habrían escarmentado de una |
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