en su tierra. La belleza de aquel lago era plácida y exultante. El dolor seguía enraizado en su pecho, aunque desde hacía algunos días iba durmiendo un poco mejor. Ultimamente lograba dormir sin sobresaltos. Lo hacía después de muchas noches de insomnios, desueñosinterrumpidos.Acasonacieraesa sensación del miedo y de la obsesión, de una obsesión que le corroía desde que había llegado a aquel apartado balneario entre montañas de los Balcanes: la obsesión de que algo estaba