| Texto contextualizado: |
cada cubículo cuatro cortinas de paño grueso, de color ciruela rojiza o morada, colgadas de anillos metálicos, que se corrían o descorrían por un armazón de caños niquelados. En uno de esos cuartitos estaba su cama. También con la secretaria, única enfermera de la clínica, le pasó algo extraño. Por teléfono, la tomó por una mujer segura de sí misma, lo que para él no era necesariamente una cualidad admirable, y cuando lo recibió el viernes, confirmó la primera impresión. |
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