, y David presintió absurdamente que el padre no le creía. No era reconvención, ni siquiera el aviso que solía transmitirle con la mirada cuando estaba fuerte y sano y los dos se enviaban mensajes frente a la incomprensión de la madre. Noeraeso,yDavidseinquietóporquelepareció que la mirada del padre tenía que ver con la sorprendente afirmación «Hay otras cosas mejores que el Nobel», y era una advertencia de que la charla interrumpida continuaría