a las brigadas de choque de la gendarmería armadas de gases lacrimógenos y protegidas con escudos y cascos. El bulevar se ha convertido en un gigantesco campo de batalla, lleno de furia y zumbido: mientras los donaldistas y dumbistas más radicales ocupan y saquean los locales del respetable periódico gubernamental de la esquina -ese Humanité que tan admirablemente encarna los ideales y anhelos de la pequeña, unidimensional burguesía- la turba de hinchas de Bambi o los «Ciento y un dálmatas» rechaza al