Texto contextualizado: |
le habían comprado el loro. Fue el sábado siguiente cuando ocurrió aquel suceso tan desconcertante. Ya el hecho de que hubieran coincidido todos los contertulios habituales le había resultado llamativo, si no sorprendente, a Miguel. Cada uno de ellos ocupaba su sitio acostumbrado: León Alberto y el hombrecillo de los pájaros, el diván; el profesor universitario, una silla junto a la ventana; el hombre con alfileres en los ojos, una confortable poltrona, y Miguel su habitual silloncito floreado |
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