, mientras de aquel enredo de palabras salían tonos tiernos y consoladores para Mari-Nieves. Cuando al fin se calmó el griterío, mamá hablaba con su amiga de mí en tercera persona, como si yo no mereciera ya que se me reprendiera directamente. "¡Qué habréhechoyoparamerecersemejantehija!",decíaal aire, con voz lastimera, mientras me arrastraba al interior de la casa. Me arrojó, sin mirarme siquiera, a un cuarto sin ventanas, medio vacío, y cuya finalidad parecía