esta vez le habían cazado. --Como a un animal avistado lejos de su guarida --murmuró apretando el paso, sin levantar los ojos del suelo. No había otra luz en las calles que la de las altas farolas, tan neblinosa que parecía no llegar alsuelo;seatomizabaentornoalalámparayestablecía capas de penumbra más tupidas cuanto más se acercaban a la acera; así, las lámparas semejaban balizas cinéreas sucediendose en perspectiva, de modo que