los ríos --dijo Julián--. No se ve el fondo, hay remolinos, pozos imprevistos... Estaban sentados a la orilla del agua, en una piedra lisa, y el agua era una tentación y una pereza. --¿Nos bañamos? --había propuesto David. Juliándudaba,yhabíaacabadoporconfesarlodel miedo a los ríos. En la ribera opuesta descansaba la ciudad. Las torres de las iglesias se dibujaban sobre el cielo entre el caserío desigual