Injustamente, sin duda, pensé que la mujer de mi vida, al cabo de una separación interminable, me había concedido (creo que la palabra adecuada es prestado) su atención por menos de un minuto. Lo más extraordinario, tal vez lo más triste,eraqueyoreaccionabaconindiferencia.Tan distante me sentía que pude enterarme de los desgraciados amores de Ana, de Walter y de Lorelei, que por despecho y para obtener poderes mágicos se casa con