y dijo: --Disculpe usted su deficiente sintaxis. Mientras duró nuestra unión, cada noche hacíamos una hora de dictado, pero no conseguí que dominara los entresijos de nuestro agilísimo idioma. Pero no es de eso, claro está, de lo que quería hablarle... Cabeceóparadisimularelruborquehacíasu rostro indistinguible de los arreboles del nuevo día y agregó en tono suplicante y quejumbroso: --Desde que le vi por primera vez me di cuenta de que era