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y lo despertó con su grito de loca: --¡Mataron a Santiago Nasar! LOS ESTRAGOS de los cuchillos fueron apenas un principio de la autopsia inclemente que el padre Carmen Amador se vio obligado a hacer por ausencia del doctor Dionisio Iguarán. "Fue como si hubiéramos vuelto a matarlo después de muerto --me dijo el antiguo párroco en su retiro de Calafell--. Pero era una orden del alcalde, y las órdenes de aquel bárbaro, por estúpidas que fueran, había que cumplirlas." |
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