| Texto contextualizado: |
nombre aparecía en los periódicos, tendría su círculo de adeptos y, hoy, en la comida, Silvia se sentiría orgullosa de ella, porque nada de lo de antes se le había olvidado, ni las rosas de talle larguísimo, ni las copas centellantes, ni los ojos que brillan de placer, ni la champaña, ni la espalda de los hombres dentro de sus trajes bien cortados, tan distinta a la espalda enflanelada y gruesa que Beto le daba todas las noches, un minuto antes de desplomarse y dejar escapar |
DIE:140.37 |