de colores, gorritos de playa, baberos manchados de papilla, lazos, chichoneras. Su comportamiento y lenguaje eran igualmente pueriles: berreaban, se empujaban unos a otros, armaban estropicio, batían las palmas. Se habían precipitado a su encuentro, haciendo círculo alrededordeél,ybailabancogidosdelamano.El busto de yeso del Maestro, calvo y con mefistofélica perilla, parecía contemplar con desdén aquel desconcierto y barullo de sus descarriados alumnos. El dictamen históricomédico era